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  • 19 Ago 2010

    A puertas de las elecciones autonómicas y municipales

    Hola amig@s: he tenido algunos problemas de conexión con la página, que ya han sido resueltos. Por eso, hace varias largas semanas (no recuerdo cuántas), que no he colgado ningún artículo. Pero ya está subsanado.

    Disculpad si hay comentarios que no han sido aprobados, pero ahora encuentro un colapso con toda la información recibida, y puede que haya borrado alguno (sin querer). Lo lamento.

    Para retomar columna, os dejo colgado un artículo que escribí la última semana de julio, dejando los deberes políticos a medio hacer. Lo dejo como reflexión y en septiembre, revisaremos a ver cómo (de previsible) se presenta el curso.

    ¡Se pueden hacer apuestas!

    La vuelta del verano será el pistoletazo de salida para las próximas elecciones autonómicas y municipales, que los dos grandes partidos intentarán convertir en una previa a las elecciones generales. Da igual que los factores sean diferentes, que los municipios estén condicionados por la gestión de proximidad, y que las autonomías dependan de políticas cada vez más identitarias, buscando a veces la diferenciación y el enfrentamiento que el consenso entre territorios.

    Tanto PP como PSOE tienen deberes previos que realizar y encrucijadas que resolver.

    El PSOE volverá con el dolor de cabeza de la elección de candidatos y las posibles primarias. Resulta paradójico, pero comprensible, que las primarias se hayan convertido en un problema para el partido, en lugar de una solución democrática. Vivimos en un país donde se critica continuamente la falta de democracia interna de los partidos políticos, las estructuras jerarquizadas, la extrema disciplina donde se pierde el individuo en pro de la dirección; se aborrecen los mensajes lineales y simplistas, las frases electorales y demagógicas, los titulares fáciles; se echa de menos la vitalidad de la militancia; pero cuando un partido político como el PSOE pone en marcha un mecanismo democrático tan potente como la elección directa en voto secreto por sus militantes del cartel electoral, desde fuera se ve como un “lío”, “una jaula de grillos”, “una pelea continua”, e inevitablemente, como un elemento de debilidad de liderazgo frente al contrincante electoral. Por eso, las direcciones orgánicas acaban temiendo el enfrentamiento en primarias; por dos razones: una, porque mediáticamente da riendas a la percepción de la debilidad orgánica y al jaleo interno, y dos, porque la dirección puede perder su apuesta por un candidato favorito.

    Sólo hubo dos elecciones internas que de verdad constituyeron la esencia de lo que se pretendía: aquel “duelo” entre Almunia-Borrell, que supuso la movilización de una militancia desencantada y asustada, la ruptura de una dirección esclerótica, y la ilusión incrédula de una sociedad progresista que pensó que todo  era posible. Y la votación a secretario general donde ganó Zapatero: por tan solo un puñado de votos, el PSOE inició la renovación de su estructura orgánica.

    Pero el tiempo va poniendo “las cosas en su lugar”, como diría un flemático liberal. Y esas “pequeñas revoluciones democráticas” sólo se utilizan en casos muy extremos donde, aplicando el refrán, “de perdidos, al río”. Mientras, la organización política, renovada o antigua, sigue los mismos cauces orgánicos y las mismas decisiones jerárquicas.

    En contra de que el experimento de primarias sea una realidad aceptada y defendida, está el hecho de que el resto de partidos no lo utiliza, por lo que, la democracia interna se convierte (como decía antes) en debilidad y no en fortaleza, y que, socialmente, tampoco parece percibirse una demanda imperiosa, pues la apática relación entre la política y la sociedad no ha encontrado cauces de protesta y reivindicación de otras formas orgánicas por parte de la prensa, los intelectuales, los tertulianos, o los propios ciudadanos.

    En frente del PSOE, el PP tiene mucho más fácil su elección de candidatos, porque se hace con el dedo extendido. Bien lo sabe Rajoy. Eso evita muchos problemas, pues así los militantes no tienen nada que pensar, nada que decidir, nada que votar.

    Ahora bien, no le va a resultar fácil a Rajoy la decisión de determinados candidatos o cabezas de lista. Aunque da la impresión de que optará por lo “más conservador”, haciendo gala a los valores que defiende. De momento, en Madrid, ya ha apagado el fuego, diciendo que “eso de los espías” hace daño al partido. No el hecho de tener espías que espían a los propios compañeros; el daño lo hace denunciarlo. Más vale mirar a otro lado, y en aras de la estabilidad, con una pinza en la nariz, seguir adelante y aparentar “amistad” en las relaciones donde sólo existe desconfianza y rencores mutuos. La estética por delante de la ética.

    ¿Y en Valencia? “Camps será candidato”, se proclama a los cuatro vientos. Da igual lo que ocurra con Gürtel, con el juicio, con una estructura gubernamental fracasada, podrida, soberbia, y agotada. Da igual que Fabra siga, pese a las graves imputaciones imposibles ya de negar. Da igual que Ripoll tenga serios problemas judiciales. En la Comunidad Valenciana, campsistas y zaplanistas, ambas facciones se han dado la mano, porque la corrupción les ha unido en busca de una estabilidad donde salvar a todas las manzanas podridas.

    Estoy convencida que Camps será nombrado candidato en septiembre. Rajoy no podrá negarse. Él sabrá cuánto sabe y cuánto calla. Pero tengo el presentimiento de que no será cartel electoral.

    El problema del PP es muy serio. No se trata de democracia interna, ni de buscar a los mejores candidatos, ni de ofrecer un programa alternativo, ni de resolver las crisis de gobiernos paralizados y anonadados como el valenciano. Se trata de cómo esconder la porquería debajo de la alfombra para que no se vea, y judicialmente no la pillen.

    ¿Volverá Ripoll a encabezar Alicante? ¿Seguirá Federico Trillo, aladid de la renovación judicial en versión del PP, como diputado en Madrid y número uno? ¿Resistirá Fabra a quien el PP compadece, no por haber robado o mentido, sino por estar enfermo? ¿Veremos a Ricardo Costa rehabilitado y en las próximas listas o incluso en la renovación de gobierno de Camps?

    ¿Dónde se comprará Camps los trajes para la campaña electoral?

    La solución: a partir de septiembre. Mientras tanto, ¡buen descanso, amig@s!

     

     

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  • 22 May 2010

    El final político de Francisco Camps

     

    Nadie hubiera imaginado que este político conservador, discreto, grisáceo, ineficaz en la gestión, con discursos huecos y anodinos, cuyo ímpetu está en subir y bajar el tono de voz para decir obviedades, llegara a Presidente de una Comunidad. Pero mucho menos que su desvarío fuera creerse la reencarnación del Rey Jaume I, y que su final sea estar imputado por posibles delitos de cohecho y corrupción.

    La Comunidad Valenciana no se ha salvado de la mancha pringosa que el PP imprimió allí donde ha gobernado: Baleares, Madrid, Valencia, o el propio Gobierno de Aznar, con aquellos sospechosos pelotazos de amigos y ministros que definían una época de soberbia política, imparables ante las elecciones, triunfadores ante sus militantes, y capaces de superar todas las líneas rojas de la decencia y la ética, porque el fin político justificaba cualquier medio.

    Francisco Camps llegó nombrado a dedo por un polémico y descarado Eduardo Zaplana, del cual se han rumoreado cientos de historias y anécdotas sobre su falta de compostura y valores. Llegó Camps simulando ser un honorable, honesto y austero padre de familia. Con una carrera política a sus espaldas poco lucidora: había sido asesor del ayuntamiento (bajo las faldas protectoras de su madrina política Rita Barberá), concejal, diputado nacional, secretario de Estado, delegado del gobierno, conseller de Zaplana, y alguna cosa más, hasta aterrizar como candidato “digital” del PP en Valencia. Y siempre había pasado inadvertido; como una sombra.

    Lo primero que hizo fue matar al padre. Adiós a Zaplana. Con su corte pretoriana, su primer objetivo fue la organización del PP valenciano, para no tener rivales internos. Lo segundo, rodearse de “amigos fieles” que le deban todo lo que son. Así, ha formado los gobiernos de perfil más bajo y grisáceo de toda la historia democrática; buscando en lugar de políticos, amigos/as que le rindan pleitesía.

    Sentado en el trono, su control resultaba imparable. Incluso para garantizarle a Rajoy, con su apoyo político y económico, su continuidad en el cargo. Rajoy es heredero de su pasado y de las deudas contraídas en el presente.

    Ahora, el jaque al rey judicial y político amenaza al PP valenciano y crea la mayor crisis institucional democrática jamás vivida en España: un Presidente a punto de sentarse en el banquillo.

    En una cosa tiene Camps toda la razón: ¿quién se va a creer que su honorabilidad está entredicho por “tres trajes”? Efectivamente, no son tres trajes. Además, son los regalos a los hijos, la mujer, la familia, las facturas falsas, los sobrecostes, el dinero al Gürtel, y la posible financiación ilegal de sus campañas electorales. Efectivamente, no son tres trajes. Ha sido la compra descarada del poder con medios, no sólo inmorales, sino también ilícitos.

    Camps ha mandado un mensaje nítido y claro a Rajoy. Quiere convocar elecciones anticipadas como plebiscito. ¿De verdad quiere? ¿O simplemente es una directa amenaza para decir que él no se va gratuitamente por la puerta de atrás? Pero, quiera aceptarlo o no: Camps está muerto políticamente.

    Ni su propio partido en la Comunidad Valenciana le permitirá que encabece nuevamente una lista autonómica. ¿Lo permitirán los zaplanistas, quienes ya se niegan a respaldar y aplaudir a un presunto culpable? ¿Lo permitirá Rajoy, quien debería cargar con la sombra de la corrupción mientras Camps esté presente? Porque una cosa son los aplausos de escenografía y ensayo que una parte del PP valenciano realiza delante de las cámaras, y otra realidad bien distinta son los pasillos, los cafés, los comentarios, las miradas huidizas, y la angustia patente que se vive entre diputados/as y miembros de la dirección del PP pensando cuánto tiempo aguantará Camps y les hará seguir sufriendo tal calvario.

    La mayoría desea que Rajoy tome medidas, que sea él quien haga el trabajo sucio de “despedir” a Camps. Pero Rajoy sigue dejando que el tiempo pase y escurriendo el bulto. Como siempre, la pregunta que todos, dentro y fuera del PP nos hacemos, es cuánto sabe Rajoy para permitir tales vergüenzas y corruptelas.

    Matas, Fabra, Bárcenas, los imputados de Madrid, y ahora Camps. El PP necesita limpieza y regeneración. Rajoy está obligado a hacerla. Aunque quizás, también él deba dejar paso a un nuevo liderazgo, sin manchas, ni sombras, ni dudas, ni corrupción.

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  • 08 May 2010

    La impotencia en política

    LA IMPOTENCIA EN POLÍTICA

     

     Hay muchas situaciones en la vida que generan impotencia: ese sentimiento de frustración por no sentirse capacitado a solucionar o impedir un fracaso. La misma sensación que vivimos día a día en la Comunidad Valenciana.

    No me ha sorprendido nada que no hubiera un acuerdo mínimo entre Zapatero y Rajoy que escenificara que España merece la pena y está por encima de las guerras partidistas; como tampoco me sorprende que no se produzca un Pacto de Estado en Educación. Al contrario. Durante meses, quería saber cómo conseguiría el PP rechazar tal pacto educativo y qué argumentaría.

    El PP sigue jugando a un corto plazo, tan corto, que lo vemos relamerse a cada nuevo parado o a cada mal dato económico. Hasta Cristóbal Montoro, personaje grisáceo y burocrático donde los haya, ha recuperado cierta simpatía a la hora de contar desgracias. ¡Cuánto peor, mejor!. Rajoy no puede permitirse bajar la guardia ni un solo momento en su empecinada lucha por desgastar al gobierno, aunque al mismo tiempo, eso suponga perder también la confianza de los ciudadanos y ser un político poco creíble y denostado incluso para los suyos. Pero se ha metido en tal espiral que no piensa por sí mismo: hace el trabajo sucio para salvar los muebles al PP, un partido que necesita limpiarse con lejía y salfumán, no sólo los errores, sino los vicios cometidos.

    Rajoy no sabe, no contesta y no ve lo que ocurre en Comunidades gobernadas por él. Por ejemplo, Valencia.

    Cada día resulta más patético y teatralmente dramático ver al Presidente de la Generalitat sorteando el caso Gürtel. Siguen diciendo que todo es mentira, mentira, mentira. Los informes policiales y judiciales carecen de validez. Y hacen un cierre de filas que resulta un insulto a la ética y la dignidad (además de tomar por tontos a ciudadanos y militantes). Exhiben encuestas que dan a Camps por ganador seguro, aunque esté a punto de sentarse en un banquillo.

    Mientras, la situación de la Comunidad Valenciana sí tiene serios riesgos de parecerse a la economía griega.

    El crecimiento acumulado desde el año 2000 ha sido el más bajo de toda España; el PIB de la Comunidad se desplomó el año pasado; somos la Comunidad con más deuda (y sigue creciente) por habitante; la confianza en la Administración autonómica es prácticamente nula; no se puede pagar ni las subvenciones o becas más ridículas (hasta las nóminas de los funcionarios van financiadas por crédito); las empresas y contratistas no cobran antes de 9 ó 12 meses; la caída de las inversiones públicas ha sido de un 70%; las deudas de Sanidad y Educación son inimaginables, se deben colegios en convenios renegociados hasta el 2030.

    Cuando salen los datos del desempleo, la Comunidad Valenciana es la que más ha crecido en paro frente a la reducción producida en el conjunto de España. Nos echamos las manos a la cabeza por el fracaso escolar (un 30% en España), cuando en Valencia rozamos el 40%, habiendo subido 7 puntos en seis años.

    Y mientras Camps resiste, resiste, resiste. Y miente a todos, hasta a sí mismo. En una locura enfermiza y obsesiva por agarrarse al poder. Intenta aparentar que no está afectado, ni triste, ni compungido; para ello, demuestra una cínica alegría que sólo induce a pensar que toma tranquilizantes o que no tiene pudor (o ambas cosas a la vez).

    ¿Merece la pena pasar a la historia como lo va a hacer Camps?

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  • 25 Abr 2010

    Conficto Religión-Estado

    Los conflictos entre la Religión y el Estado no son fáciles de resolver. Se contraponen muchas vertientes: las competencias de cada uno, el espacio público-privado, los valores, la trascendencia entre qué es primero: ciudadano o creyente, …

    España ha vivido durante años, y todavía colea en cada una de las leyes que aprueba el Parlamento, la fuerte presencia de la Iglesia Católica reclamando su espacio público. En los actos civiles y políticos se confunde lo social y lo religioso; en la escuela, la Iglesia exige tener su asignatura, su profesorado, y sus creencias presentes en la formación de los valores; la Iglesia quiere ejercer el derecho al voto en leyes constitucionales que ella rechaza como el matrimonio homosexual o la interrupción del embarazo.

    El conflicto que el Estado y la Iglesia Católica viven continuamente es de definición del espacio público. Porque, en el espacio público y no en el privado, es donde la Religión entiende que gana feligreses y que gana la batalla de sus “valores”. Por eso, no se conforma con que cada persona crea en lo que quiera, sin hacer imposición de sus creencias. El objetivo de las religiones, que además se consideran en posesión de la Verdad, es convencer a todo el mundo. Por eso, no entienden que el laicismo sea un espacio de libertad, sino que sea un espacio anti-religión. Pero, cuando la Iglesia Católica quiere imponer sus criterios, no sólo a los católicos, sino a todos los ciudadanos, ¿no es invadir la libertad individual de cada uno, además de la colectiva como ciudadanos?

    Ahora, vemos la misma historia reproducida con la religión musulmana.

    El problema no es que una chica lleve el hiyab. El problema es cuántas exigencias más impondrá la religión musulmana al Estado. Las comidas en los colegios; el derecho a que sus hijos/as estudien también la religión musulmana en el espacio público; el derecho a que los actos civiles también tengan representación musulmana; la poligamia; la diferencia civil entre hombres y mujeres.

    A riesgo de que me acusen de intolerante, exijo un Estado Laico, que garantice, sobre todo, la neutralidad del espacio educativo para niños y niñas. En mi opinión, el “espacio público” que debe quedar como “tierra de todos” es la legislación y la escuela. Y cada uno, será libre para casarse o no con quien quiera, compartir sus creencias o hacer uso de los derechos aprobados.

    La chica se sentirá completamente libre de llevar en su cabeza un hiyab. Quizás lo crea, y a lo mejor lo sea (como siempre, tengo dudas en cuanto a la libertad de los menores, y también de los mayores). No me importa que los jóvenes lleven gorras; pelos rojos y en punta; pantalones medio caídos que demuestran una falta de estética pero ellos se ven guapos, modernos y rebeldes; ni siquiera, me importa que cubran sus cabezas con pañuelos: siempre y cuando no tenga ninguna simbología. La pregunta es: ¿detrás del pañuelo, qué más exigencias marca la religión? Quien quiere exhibir públicamente el hiyab es porque considera que su individualidad se manifiesta en primer lugar por su condición de musulmana por encima de la de ciudadana; al igual que lo hace una monja o un sacerdote cuando exhibe sus hábitos para demostrar que antes es la fe católica que la legislación civil.

    Aunque parezca sectaria, intolerante, fundamentalista, de cultura prepotentemente europea, y que quiero imponer el laicismo, la única forma de garantizar la libertad es “no contaminar” el ambiente educativo con expresiones religiosas públicas. Pero, ¿son públicas las que proceden de una expresión individual? ¿dónde limitamos el derecho de cada uno a ejercer públicamente su libertad?

    Hay otra reflexión que no se suele considerar. Las religiones se han convertido en una definición de identidad, de nacionalismo cultural, de sentido de propiedad, de identificar a los “propios”, lo que dificulta la integración en una sociedad común de valores compartidos, y la conquista de una ciudadanía universal de derechos comunes. La espiral de confrontación  entre religiones exigiendo espacios, derechos, inversiones, es imparable. No deseo que, quienes vienen de fuera, renuncien a nada, pero tampoco que pretendan reproducir su espacio “nacional-religioso”, porque  ha costado mucho, y aún queda por superar, desprenderse de la “imposición política, social y educativa” de nuestra propia religión.

    Conquistar los Derechos Humanos actuales, la igualdad entre hombre y mujer, la libertad de pensamiento y creencia, la razón sobre la fe, la separación de poderes entre Estado e Iglesia, ha costado miles de años. Pero se ha conseguido que los Derechos Humanos se hayan convertido en el filtro básico y primario por el que toda religión, cultura, derechos colectivos, nacionalismos, o tradición debe responder. También la musulmana.

    Como sé que resulta difícil llegar a un acuerdo en competencias de derechos, pido que se libre a los colegios de ese conflicto. El ámbito educativo no puede enseñar todas y cada una de las religiones para defender el derecho individual, porque la única manera de garantizar que no exista proselitismo es “neutralizar” la educación, que sea civil en valores. Mi única defensa ante la acusación de “intolerante” es que tampoco estoy a favor de las clases de religión en el colegio en horario lectivo. El Estado no puede doblegarse a las exigencias religiosas (colegios católicos o musulmanes, enseñanzas separadas entre chicas y chicos, diferenciación de valores), porque antes que creyentes somos ciudadanos.  Y si alguien piensa que es al contrario, y cree que sus creencias religiosas pueden marcar la legislación estatal y los valores cívicos, entonces es que el hiyab como el crucifijo sí significan algo más que una creencia personal: significa una intromisión en las competencias del Estado.  

     

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  • 18 Abr 2010

    De Miguel Hernández al Juez Garzón

     

    Si tuviéramos la serenidad suficiente para analizar los hechos que ocurren sin la inmediatez en la que nos vemos inmersos, nos resultaría imposible reconocer la asociación de dos hechos, simbólicamente tan diferentes y similares al mismo tiempo, como los que están ocurriendo en España en la misma semana: la celebración del centenario de Miguel Hernández y que el juez Garzón se siente en el banquillo acusado de prevaricación en relación a su investigación contra el franquismo.

    ¿Cómo podemos vivir dos hechos que nos remontan a nuestro pasado histórico, político y familiar más reciente sin volvernos locos? ¿Qué está pasando en el corazón y la razón de los muchos españoles que sufrieron el franquismo? ¿Entienden los jóvenes nacidos en nuestra Democracia que está pasando?

    Nos emocionamos leyendo los poemas de Miguel Hernández e intentando imaginar cómo fue el calvario y sufrimiento de este poeta que murió en unas condiciones penosas en una cárcel alicantina, víctima de la dictadura franquista. Las instituciones democráticas, desde ayuntamientos a diputaciones, le rinden un homenaje para recuperar la dignidad y recuerdo de un hombre que sufrió el olvido, el silencio, el rencor y el abandono de una España que no se atrevió a pronunciar su nombre hasta que llegó la Democracia. Por eso, 68 años después de su muerte, nos atrevemos con emoción a leer en voz alta sus poemas para realizar un acto de justicia histórica y social con nuestro país, de reconocimiento del poeta, y de enfrentarnos democráticamente a nuestros miedos y fantasmas del pasado.

    Pero, ¿cuántos hombres y mujeres más murieron como Miguel Hernández? ¿Cuántos han sido españoles anónimos que sufrieron la represión brutal y salvaje del franquismo? ¿Cuántos familiares hay que lloran los asesinatos cometidos sin poder rendir un homenaje a sus seres perdidos?

    Eso fue lo que el juez Garzón ha pretendido hacer: recuperar la memoria de todos los que anónimamente son “Miguel Hernández”.

    Me aburren las acusaciones que se hacen de lo ególatra, endiosado, llamativo o protagonista que resulta ser el juez Garzón. Sólo sé que hay personas que resultan imprescindibles para dar pasos hacia delante en la historia; que la justicia y los derechos no son gratuitos ni se nace con ellos; que hay que pelearlos, conquistarlos, trabajarlos y darles cuerpo y forma jurídica a lo largo de generaciones. Baltasar Garzón ha hecho siempre lo que le ha dictado su conciencia, por eso ha resultado molesto a unos o a otros, dependiendo de las circunstancias.

    Hoy, vemos sentados en el banquillo a Jaume Matas o Luis Bárcenas, acusados por un sinfín de delitos que todos sabemos que son nocivos, perversos y castigables. En cambio, que me perdonen y me llamen ignorante pero aún no he reconocido dónde está el “gravísimo delito de prevaricación” cometido por el juez Garzón.

    En la marea de corrupción, robos, mentiras, demagogia, manipulación, acusaciones sin fundamento, y estridencias que vivimos, el juez Garzón acude al banquillo como símbolo de un país que ha caminado durante los últimos años en democracia, y que ya se atreve a leer pública e institucionalmente los poemas de Miguel Hernández porque está muerto y bien muerto. Pero no toquemos recuerdos y fantasmas que provocan que algunos piensen todavía que “con Franco se vivía mejor”.

    Miguel Hernández es historia. El juez Garzón pasará a la historia como uno de los pocos nombres que brillarán por sí mismos: por sus méritos, por su trabajo, por su decencia, por su valor y por su compromiso con la Justicia.

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  • 08 Abr 2010

    La tela de araña del PP

     

    El silencio de Rajoy es elocuente y clarificador. Mucho más que cualquier declaración. No puede ser contundente con Bárcenas, Matas, Fabra o Camps. No puede dar pedir explicaciones a los imputados e implicados, porque es él quien debe darlas a la ciudadanía. No puede exigir claridad y transparencia, sin poner en riesgo su propia gestión, la de ahora y la de antes. ¿Cuánto sabe quién fue ayer vicepresidente del gobierno Aznar, ministro de muchas cosas, coordinador de campañas electorales, posteriormente candidato a la Presidencia en dos ocasiones, y por último, el Presidente del PP?

    Rajoy guarda silencio por dos razones: una, porque no puede acompañar palabras y acciones; dos, por estrategia. El PP siempre ha utilizado la misma estrategia: callar y desviar la atención esperando a que todo escampe; matar a los mensajeros, da igual de que estamento, organización o institución pertenezcan (jueces, policías o periodistas); y acusar de “tú más” al partido socialista. Pero ya no sirve nada de todo esto.

    En primer lugar, ya no sirve “matar al mensajero”. Porque el hecho cualitativo importante ocurrido esta semana es que los rumores, chimes, filtraciones, acusaciones y mentiras que el PP decía que se estaban produciendo como una campaña de acoso contra ellos, son hoy una escandalosa verdad judicial.

    En segundo lugar, no sirve el “tú más”. Filesa y Gürtel no son comparables: ni en cantidad económica, ni en número de imputados, ni en extensión de la trama corrupta. Al PP sólo le queda agarrarse a lo ocurrido en el PSOE hace 30 años para intentar salvar los muebles. Pero Gürtel es injustificable.

    Y en tercer lugar, ya no sirve el silencio de Rajoy como estrategia. Porque esto no es una tormenta de verano. No es un capricho de un medio de comunicación, como se acusó al País en su momento. Y no es sólo una cosa de regalos, trajes y relojes. Es toda una trama de corrupción montada al calor y cariño del PP para enriquecerse, lucrarse, robar a manos llenas, y, de paso, “ayudar al partido”.

    Y mientras, Esperanza habla. El cinismo y la sangre fría de esta dama sin escrúpulos me asombra cada día. No conozco a nadie en política, ni dentro del PP (da igual que piense en Zaplana, Matas o Fabra) que me produzca tanta vergüenza ajena como esta mujer. Bien vestida, bien peinada, y sin rubor ni color en las mejillas, hincha pecho como una paloma para decir que si “hay dudas razonables, se tomen medidas”. ¿Cómo las pruebas más que razonables del “Tamayazo” que la llevaron a ocupar el sillón de la Presidencia de Madrid? ¿Cómo las pruebas màs que razonables de los espías de su Comunidad? ¿Cómo las pruebas más que razonables de la implicación de la Presidencia de Madrid, que ella ostenta, en el caso Gürtel? ¿Cómo las pruebas más que razonables de que Fundescam financió su campaña electoral?

    En las Comunidades gobernadas por el PP (Madrid, Baleares, Valencia ….), se veía demasiado humo para que no hubiera fuego. La ocultación sistemática de documentación; impedir la fiscalización de la oposición; los reiterados sobrecostes; las innumerables campañas institucionales; la promoción y propaganda; los “amigos” empresarios que hacen de todo; la fanfarronería y el creerse invencibles e intocables. Demasiados paralelismos para pensar que sólo son “cuatro chorizos”.

    Pero para que todos los cargos con responsabilidad pudieran favorecer a la trama dándoles encargos en ayuntamientos, diputaciones o Comunidades, había que “comprar” su silencio o su amistad. Esos han sido los innumerables regalos que se hacen a un concejal para que mire a otro lado, a otro responsable para que firme la adjudicación, a aquel otro para que trocee el contrato y no publicite el concurso. Así, una infinidad de corruptelas que han compuesto una trama, con personajes principales y cientos de secundarios, que hoy sudan la camiseta porque “también tuvieron un pequeño obsequio de la trama Gürtel”.

    Esa ha sido la tela de araña del PP. ¿Cuánto ha sabido y sabe Rajoy cada vez que Correa o el Bigotes lo saludaban en el despacho de Génova o un mitín electoral? Ése es el silencio de Rajoy.

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  • 31 Mar 2010

    La burla de Matas es la burla de Rajoy

     

    El ex presidente balear y ex ministro del gobierno Aznar, Jaume Matas, está a un paso de la cárcel. Indicios solventes de 12 delitos vinculados a la corrupción política ratifican la prisión eludible con fianza de 3 millones de euros, en un durísimo auto donde se relatan todas las prácticas irregulares presuntamente cometidas por Matas. Además de señalar que ha intentado “burlarse de los simples mortales”.

    Pero Jaume Matas no es un hecho aislado dentro del PP. Aunque ahora, la dirección de Rajoy se lo haya sacudido de encima como si “casi” no lo conociera; mirando hacia otro lado y deseándole “buena suerte”, lo cierto es que Matas fue ministro y se sentó junto a Rajoy. Fue uno de los “niños mimados” del PP porque ganaba elecciones, y porque era dueño y señor de las Baleares.

    ¿Cuánto parecido tiene Matas a Zaplana, Aguirre, Camps, u otros tantos?

    Fueron los años alegres donde el PP conquistó mayorías absolutas en el gobierno central y en las autonomías que le permitieron hacer “lo que les daba la gana”, sin explicaciones, sin control, con opacidad, con sobrecostes exagerados, contratando a dedo, siendo omnipotentes, prepotentes y burlándose de todo aquel que no estaba “con ellos”.

    Quizás por eso Rajoy guarda ese silencio cómplice y cobarde, intenta escurrir el bulto, mirar hacia otro lado, pasar por este calvario discretamente a ver si así nadie se acuerda que él no es el futuro, sino el inmediato pasado que se sentó con los implicados y detenidos como Bárcenas y Matas. ¿Cuánto sabe Rajoy de todo lo que está pasando?

    El gobierno de Aznar era imparable. Desde el gobierno autonómico pasaron al central (caso Zaplana) o desde el sillón de ministros fueron a las autonomías (como Matas o Aguirre). Algo absolutamente normal, salvo que, en estos casos además, demuestra con claridad que sí se conocen entre ellos, que sí existen relaciones, intercambios de gestión y de favores. En definitiva, que han sido y son vasos comunicantes de una misma estructura orgánica que enredaba sus tentáculos desde un ministerio a una consejería.

    Desde que Rajoy está al frente del PP no ha sabido dar ninguna explicación sobre nada de lo que está ocurriendo en sus filas: da igual que se hable de Gürtel, de las finanzas del partido con el tesorero a la cabeza, de la compra de diputados en Madrid para modificar elecciones o los espías a compañeros (caso Aguirre), de los sobrecostes y fondos desviados como puede ser Palma Arena o la visita del Papa en Valencia.

    A lo mejor, Rajoy ha sido “colaborador necesario” para que Matas, Zaplana, Camps, Aguirre, Bárcenas o los cien imputados no sean casos aislados e individuales, sino una verdadera estructura de partido, con una cultura determinada, con unos propósitos y objetivos definidos: con la única finalidad de tener el poder a costa de lo que fuera y como fuera.

    Ni los militantes del PP son unos corruptos ni los votantes unos indecentes. De hecho, no merecen lo que está ocurriendo por dignidad y cultura democrática. Pero, deben denunciar y saber que esto no es culpa de unos personajes que han hecho de la política una profesión de corruptos y mafiosos, es una estructura jerarquizada, donde cumplían órdenes, donde todos sabían lo de todos, donde resulta imposible creer que Rajoy no viera los excesos, lujos, chulería, prepotencia, formas de hablar y actuar de los que se sentaban a su lado. Lo veía, lo sabía, lo consentía, les reía las gracias ¿y cuánto más?

    Todo nació, creció y se fraguó en un gobierno que tuvo su máxima expresión de gloria en la famosísima boda de la hija del Presidente Aznar, que nadie entendería si lo hiciera Zapatero, pero que se justificó y aplaudió en un hombre con tintes “berlusconianos”.

    El PP necesita derrumbar toda la cúpula de los años esplendorosos del aznarismo porque han sido, como Matas, “colaboradores necesarios” para que los sobrecostes, la financiación irregular, y “la burla a los mortales” fuera una forma de hacer y gestionar.

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  • 30 Mar 2010

    La verdadera corrupción

    Ninguna organización está ajena de tener entre sus miembros a personajes deshonestos, sinvergüenzas, tramposos, mentirosos, ladrones o tiranos. Para impedir la presencia de estos tipos, las organizaciones se nutren de estatutos, reglamentos y comisiones que vigilan que nada deshonesto o ilegal ocurra, y si alguien lo hace, lo pague con la expulsión y con las medidas judiciales que corresponda. Eso es lo normal y de sentido común, y lo que garantiza la limpieza de cualquier proceso y organización.

    No se puede juzgar a una organización por sus “garbanzos negros”, siempre y cuando, la organización sepa limpiar, apartar y castigar a esos garbanzos. Pero, ¿qué ocurre cuando no es así? ¿cuando el PP cierra filas, pase lo que pase en su interior, esperando a que la tormenta escampe?

    La actitud de la dirección de Rajoy me parece, no sólo lamentable, sino deleznable. No está Rajoy preocupado en limpiar la corrupción de su partido, sino en intentar anular las pruebas de casos como Gürtel o Matas. La estrategia consiste en la caza y captura del juez Garzón; en desprestigiar e insultar a la oposición; y en matar al mensajero (periodistas) por desvelar las vergüenzas que deberían seguir ocultas. Y si, en esta estrategia de “cierre de filas” impúdica, consiguen anular las pruebas: ¡objetivo conseguido!

    Mi pregunta moral es: ¿cómo puede seguir adelante Rajoy y su dirección sentándose al lado de los más de cien imputados, de los sinvergüenzas y ladrones, de los que han mentido y estafado, de los que censuran la libertad de expresión, o incluso de los que comenten abusos sexuales? No doy crédito a lo que estamos viviendo en la Comunidad Valenciana. Tres ejemplos.

    Primero. Un diputadillo provincial cualquier, más oscuro que culto, se permite censurar una exposición de fotografías porque aparecen algunas del caso Gürtel. Y dice el Presidente de la Diputación de Valencia, Sr. Rus, que lo hacen “porque les da la gana, y ellos mandan”, y que además estas polémicas no le preocupan, sino “que le pone cachondo”. No es un cómic quien lo dice: es un cargo público de primera línea.

    Segundo. El director general de RTVV no hace declaraciones de Hacienda en varios años; sustituyó por ordeno y mando al anterior Director que era íntimo amigo del “Bigotes”. Pero, durante meses, era conocedor (al igual que la dirección del PP valenciano y probablemente el propio Camps) que en la televisión el jefe de personal cometía abusos sexuales. El mencionado personaje llamado Vicente Sanz se hizo famoso por su participación en el caso Naseiro y porque fue quien declaró “he venido a la política a forrarme”. El PP no lo cesó, ni lo echó, ni lo despidió. Lo escondió dándole durante 15 años un cargo importante: manejar la televisión valenciana. Y desde ahí, ha creado un estado de terror, amenazas, redes de espías, persecuciones y abusos sexuales en su propio despacho o casa de verano, con unas declaraciones ahora denunciadas truculentas y sórdidas que superan cualquier novela negra de mal gusto. Presumiendo su inocencia, por cuestiones garantistas, hay que decir que ya pesa sobre él una orden judicial de alejamiento. Pero el PP sigue sin expulsarlo ni apartarlo. Lo defienden a capa y espada.

    Tercero. Un nuevo informe policial demuestra que cuando se hizo la visita del Papa a Valencia el coste fue el doble del real, y que la trama Gürtel se embolsó directamente 1 millón de euros. No hemos podido conocer facturas, ni documentaciones, ni gastos, ni explicaciones por parte del PP. ¿Qué ha hecho Camps? Acusar a la oposición diciendo que vamos a por él; echarle la culpa a Zapatero, porque debía haber contribuido económicamente a esta visita (¿a pagarle los trajes? ¿los sobornos al Gürtel?¿los dineros negros desviados a cuentas en Suiza?), y amenazar con una querella al portavoz socialista Ángel Luna. Lo que le importa a Camps no es poner encima de la mesa toda la verdad, sino que la verdad no se sepa.

    ¿Dónde está la gente de derechas, bienpensante y culta, que grite diciendo que esto no puede continuar?

    La estrategia del PP siempre es la misma: cierre de filas, pase lo que pase, hagan lo que hagan. Por eso siguen dentro, Trillo, Carlos Fabra, Bárcenas, Matas, Camps, o algún tipo como Vicente Sanz. Por eso, protegen declaraciones malolientes como las realizadas por Mayor Oreja. Pero esa actitud quiebra la honestidad de los honestos. Hay que apartar las manzanas podridas, no dejar que sean las reinas de la cesta, porque al final, también por encubrimiento o mirar a otro lado, las manzanas acaban podridas.

    La podredumbre y la corrupción real no se produce por un puñado de sinvergüenzas (que cada vez salen más en el PP: ¡a cientos!), sino cuando la organización cierra filas y los protege, preocupados más en tapar los delitos y los acciones vomitivas que en limpiar por dentro.

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  • 10 Mar 2010

    ¡Felicidades, MANU!

    ¡Qué bueno resulta felicitar a los amigos! Y hoy lo hacemos con Manu. Sinceramente quienes sentimos aprecio, cariño y, sobre todo, mucho respeto profesional y personal, nos alegramos  que subas escalones. ¡Ánimo!

    http://www.publico.es/televisionygente/300748/manuel/rico/nombrado/subdirector/publico

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  • 05 Mar 2010

    ¿Tiene el PP capacidad de pactar?

    Cuando al PP se la llama para llegar a un Pacto de Estado sobre la economía es cuando se ven las carencias, no solamente tácticas y estratégicas, sino también ideológicas.

    El primer problema que se le plantea al PP es el estratégico. Ahora tienen que intentar escurrir el bulto y buscar argumentos de todo tipo para no alcanzar el acuerdo. Ni aunque se aceptaran todas sus propuestas, el PP puede pactar. Porque su objetivo es seguir arañando y desgastando electoralmente.

    El segundo problema se les plantea con las propuestas de la CEOE. Hasta ahora, ambos iban cogidos de la mano: menos impuestos, “flexiseguridad” laboral, despidos más baratos, volver de nuevo a la construcción irracional e ilimitada como gallina de los huevos de oro. Pero, como la CEOE se ha sentido con fuerza, al ver que hay posibilidades de estirar más y más la cuerda, sacan de la manga ese draconiano y perverso contrato joven sin prestaciones e inferior al salario mínimo. ¿Cómo no se les ha ocurrido pensar cuánto se ahorrarían si la gente trabajara gratis?  Por un plato de comida caliente, se puede ofrecer unas horas laborales. Ahora dicen que se ha “malinterpretado” la oferta; pero no lo dicen avergonzados, en definitiva, han sacado “la patita” poniendo las condiciones mínimas que es lo que pretendían. A partir de ahí: ¡a negociar!

    El tercer problema que tiene el PP es con sus propias Comunidades Autónomas: Madrid, Valencia y Galicia, por ejemplo.

    ¿En cuál de ellas se ha planteado en el parlamento autónomo un plan de choque, de recuperación económica, de análisis de la crisis? ¿En cuál de ellas se habla de consenso, de acuerdo, de pacto entre partidos? Se solicita por parte de la oposición que lo mismo que se produce a nivel nacional se haga en los parlamentos autónomos. Pero el PP, donde gobierna, no quiere. ¿Por qué? Pues porque les va mucho mejor echándole la culpa a Zapatero y, bajo la mesa a escondidas, siguen con las mismas políticas y gestión de siempre. Hoy dice el “Financial Times” que Valencia es la quintaesencia del viejo modelo español, sufriendo de manera desproporcionada la crisis, y sin soluciones para salir de ella. Esta noticia ha hecho que el PP se sienta ofendidísimo. Pero el crecimiento del desempleo en nuestra Comunidad crece a mayor velocidad que en el resto de España (junto con Madrid).

    El problema no termina ahí. Cuando el PP pone medidas a nivel nacional encima de la mesa para llegar a acuerdos, “choca” de frente con la realidad de las comunidades donde gobierna. Su propuesta de fusionar cajas a nivel nacional para reforzar el sistema financiero español, “rechina” con lo que Camps, Feijóo y Aguirre quieren hacer en sus autonomías. ¿Y qué pasa aquí? Pues que cada uno juega a sus propios intereses de poder, incluso de reforzamiento económico.

    El PP ha presumido siempre de ser un partido nacional, con una visión única de toda España. Lo que no dice es que se resquebraja cuando se tocan “los dineros” que a cada uno le pueden sostener en el sillón. Que se lo digan a Camps nombrando sólo a consejeros de Bancaja que están vinculados al PP y eliminando así a toda representación política y social crítica; o que se lo digan a Esperanzita que jugó todo lo fuerte que pudo, insultos “cariñosos” incluidos”, para salvar su representación máxima en Caja Madrid.

    Sinceramente creo que el PP no quiere pactar, pero creo también que no puede. Porque tiene demasiados compromisos políticos y económicos para aceptar la responsabilidad de un Pacto de Estado.

    Aviso a navegantes. Espero que en las ganas de acuerdos y consensos, el PSOE no se deje la piel en el intento. Hay límites inaceptables. Hay propuestas que chocan con la realidad. Hay interlocutores que siempre serán insaciables.

    Sentido común y no olvidemos nunca quienes son los verdaderos afectados de la crisis.

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